GUÍAS Y PAUTAS
 
   
 
     
 
Primeros auxilios psicológicos en niños
de 0 a 3 años
 

La mayoría de nosotros sabe qué son los primeros auxilios y muchos hemos aprendido a aplicarlos. Consisten en una serie de acciones ordenadas que es recomendable que practiquen aquellos que primero llegan a un accidente o atienden a una persona que se ha lesionado. 

En cambio, muy pocos hemos oído hablar de los primeros auxilios psicológicos (PAP). Nota: si lo desea puede entrar en más detalles en el curso (gratuito) sobre Primeros Auxilios Psicológicos, realizado desde el propio Centro de Crisis de Barcelona de la UAB en Coursera.

 

PAP es un término reconocido por la Organización Mundial de la Salud  (OMS), que ha editado varias guías al respecto. Es aplicable a personas de todas las edades, pero aquí nos vamos a centrar en niños y adolescentes. Suele difundirse más bien en situaciones extraordinarias, como las catástrofes humanitarias. Sin embargo, por su alto valor preventivo, todas las personas y en especial las familias con niños deberían conocer los primeros auxilios psicológicos y saber aplicarlos en contextos de vida cotidiana. 

 

¿Qué son los primeros auxilios psicológicos?

Los primeros auxilios psicológicos o PAP sirven para acompañar a los niños a e nfrentarse a una situación difícil y extraordinaria, fuera de su vida diaria, a la que vamos a llamar incidente crítico (IC).

Deben aplicarse a cualquier situación que reúna los siguientes criterios: 

  • Ser inesperada y encontrarse fuera de las vivencias habituales que ha tenido hasta el momento.
  • Suponer un cambio pasajero o permanente en las rutinas habituales del niño.
  • Generar miedo o temor intenso en el mismo niño o (muy importante) en sus cuidadores principales.

Para ser efectivos deben de aplicarse desde los momentos inmediatamente posteriores al incidente.

Si el incidente crítico (IC) es puntual, la pauta requiere aplicar los PAP durante al menos las 72 horas posteriores y, como máximo, durante una semana, periodo tras el cual la situación de estrés se habrá reconducido.

Si el IC es de largo recorrido, se aplicarán durante todo el periodo de su duración y hasta al menos un mes tras finalizar el incidente.

Aquí puede consultar un artículo más detallado sobre los aspectos generales de los PAP aplicables a cualquier edad.

 

¿Qué hay que hacer con niños entre 0 y 3 años?

La capacidad de un niño para comprender la muerte depende básicamente de dos variables: su edad cronológica y las anteriores experiencias que el niño haya tenido con la muerte.

  • CONTENER: trata de evitar separarse del niño o la niña. Cogele las manos para que no pegue y dile que no lo haga. Dale un espacio para el llanto o el grito controlado, es decir, sin que se desborde.
  • CALMAR: ayuda al niño a relajarse. Trata de conseguir que se sienta comprendido, amado y apoyado. Facilita, si es posible, que pueda liberar energía nerviosa. Si el niño tiene más de dos años, ayúdelo a poner nombre a los sentimientos y conectarlos con lo que ha sucedido. A veces, es muy útil distraer al niño con elementos de su mundo imaginario. Un gorrito de protección para entrar en el quirófano puede acercarle a Spiderman; un carrito de material médico puede ser una nave espacial, etc.
  • INFORMAR: intenta explicarle al niño en un lenguaje adaptado a su edad cuál es la situación. Incluso si el niño no le entiende, le tranquilizarán tus palabras. Usa frases cortas y céntrese, sobre todo, en tratar de que pueda entender dónde está, que no está sólo y cuál es lo siguiente que va a ocurrir. No le ocultes información al niño: aunque no pueda entender todo lo que ocurre, notará que tus palabras y tus emociones no coinciden. Dile a menudo que le entiendes y que sabes que está triste y tiene miedo, pero que pronto se sentirá mejor.
  • NORMALIZAR: establece una rutina para ir a dormir adaptada a la situación (contar un cuento, dar beso de buenas noches, etc.). No le obligues a comer si no tiene hambre. Intenta realizar las comidas en un entorno lo más relajado posible y sin presión. Establece límites razonables para las rabietas (redireccionando con mucha ternura).
  • CONSOLAR: procura realizar actividades positivas con el niño para ayudarle a pensar en otras cosas. Trata de escuchar al niño cuando le “hable”. Permite que el niño tenga control sobre cosas pequeñas para aumentar su sensación de seguridad. Ayúdelo a expresar sus sentimientos jugando o dibujando.
     

¿Qué reacciones podemos esperar con niños de hasta 3 años?

Las reacciones más frecuentes que podremos observar durante e inmediatamente después de un incidente crítico son:

  • Problemas al dormir o que el pequeño se despierte gritando.
  • Dificultades para aceptar estar lejos del adulto de referencia (ni para que éste vaya al baño).
  • Problemas de alimentación.
  • Un retroceso en los aprendizajes: el niño deja de hacer cosas que ya sabía hacer.
  • Aumento de los miedos: se asusta de cosas que antes no le daban miedo.
  • Incapacidad para estar quieto y para prestar atención a nada.
  • Juega de forma violenta.
  • El niño se vuelve más intransigente.
  • Rabietas y malhumor.
  • Grita mucho más de lo usual.
  • Pega al adulto y/o cuidador.
  • Dice “¡Vete, te odio!”
  • Dice “Todo esto es culpa tuya”.
  • No quiere jugar, no quiere hacer nada.
  • Aparenta no tener ningún sentimiento (felicidad o tristeza).
  • Llora mucho.

Hay que tener en cuenta que el llanto en los bebés y niños pequeños es su forma normal de comunicarse, es importante como padres aprender del niño y poder interpretar sus necesidades. Un llanto continuo e inconsolable, una vez satisfechas las necesidades básicas, suele ser una señal de alerta.

 

¿Cuándo acudir a un profesional especializado?

Las conductas anteriormente descritas son respuestas esperables en los niños tras vivir un incidente crítico y, como tales, absolutamente adaptativas. Suelen disminuir de forma gradual cuando acaba la fase más aguda del incidente crítico y desaparecer al cabo de unas cuatro semanas aproximadamente.

Si se prolongaran mucho más, lo adecuado es consultar a un psicólogo especialista en estrés agudo y/o trauma infantil. 

Finalmente, es importante recordar que cada niño es diferente , no siempre sabe lo que pasa, desconoce la relevancia de lo que está pasando, se muestra asustado y a veces no sabemos cómo tranquilizarlo y se crea una situación estresante para las familias. Por ello, no dudes en preguntar y en solicitar ayuda  siempre que lo necesites para poder gestionar la situación de la mejor manera posible.

 
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