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Cómo preparar a un niño/a para una cirugía y/o un ingreso hospitalario
 

Una cirugía o un ingreso hospitalario programado no suelen deberse a una emergencia médica y, por tanto, ofrecen un tiempo previo en el que la familia y el propio niño pueden prepararse para esta situación, a la que todos temen, aunque de forma distinta.

 

Sin embargo, con cierta frecuencia, las familias no sólo tienen sus propios temores, sino que además no saben bien cuál es la mejor forma de preparar a su hijo/a para esta nueva situación que supone una importante fuente de estrés para todos: para el propio niño, sus padres y madres, hermanos, otros familiares, etc. Entonces, este tiempo de preparación fácilmente puede tornarse en un periodo de incubación de miedos y de incremento de la ansiedad.

El objetivo de esta guía es ofrecer unas pautas concretas y adaptadas a las diferentes edades de los niños con las que Usted puede prepararse a sí mismo y a su hijo para afrontar de la mejor manera posible el ingreso en un hospital.

 

¿Por qué es necesario preparar a los niños para una cirugía o un ingreso hospitalario?

A pesar de todos los esfuerzos que los hospitales han hecho en los últimos años para mejorar la calidad de la experiencia hospitalaria y reducir las fuentes de estrés, el hecho en sí suscita miedos en los niños y en sus familias.

Para los adultos, los temores tienen que ver con los riesgos asociados a la enfermedad y con su pronóstico, pero también con la pregunta de si van a saber ayudar a su hijo a estar lo mejor posible. Para los niños, los temores se centran en el miedo a ser separados de sus padres, el miedo al dolor y a los pinchazos y otras fuentes de ansiedad que se detallan más adelante.

Hay tres razones fundamentales para conceder importancia y esfuerzos a la preparación de los niños para el ingreso en un hospital:

  • La ansiedad de los padres e hijos se retroalimenta: cuanto más asustado está el niño, más estrés experimentarán sus padres. Y cuanto más estresados estén los padres, más temores y estrés experimentará el niño.
  • El estrés y la ansiedad no sólo tienen efectos sobre la experiencia en el hospital, sino que inciden también en la recuperación de los niños, en sus sistema inmunológico y, en casos extremos, pueden generar incluso secuelas conductuales y emocionales tras el alta.
  • Para los niños, cada suceso que rompe la rutina diaria supone un aprendizaje. En este caso, una cirugía y una hospitalización temprana moldearán de forma importante sus posteriores experiencias similares. Ofrecerle a su hijo un buen modelo de afrontamiento es, pues, una importante inversión en su futuro.

 

¿Cuál es la mejor forma de hacerlo?

Con independencia de la edad del niño que va a ser hospitalizado, de modo general se puede afirmar que la mejor manera de prepararlo para este suceso es estar abierto a sus preguntas y temores y ser muy honestos con él. Esta regla básica es válida tanto para procedimientos ambulatorios o rutinarios, como para cirugías más complejas y hospitalizaciones debidas a necesidades de tratamiento.

Para afrontar mejor el estrés y poder regular sus emociones, los niños de todas las edades necesitan tener unas nociones básicas, adaptadas a su edad, sobre los siguientes aspectos:

  • ¿Qué les van a hacer y por qué?
  • ¿Qué está ocurriendo ahora mismo y cuál es el siguiente paso?
  • Si van o no a estar acompañados por sus cuidadores principales.
  • Cómo se pueden sentir antes, durante y después de la cirugía o las prácticas médicas que le van a aplicar.

Los pasos que proponemos en esta guía están destinados a anticipar estas preguntas y responderlas de forma eficaz y tranquilizadora.

A). Prepárese Usted, antes de preparar a su hijo

Cuando un equipo médico le notifica que su hijo necesita una cirugía y/o una hospitalización, a Usted se le ocurren muchas preguntas. En la actualidad, la ventaja es que los equipos médicos están muy bien preparados para orientar a sus usuarios e incluso es posible que Usted tome la decisión junto a ellos. Las principales preguntas que probablemente tenga en mente versarán sobre la gravedad del diagnóstico, las opciones terapéuticas, el procedimiento de elección, los riesgos, el pronóstico, etc. Usted necesita respuestas para ellas. Inicialmente, experimentará una inquietud natural y funcional, relacionada con la gravedad de lo que ocurre, pero también con el lógico afán de proteger a su hijo del sufrimiento y del miedo. Esta inquietud irá cediendo a medida que Usted obtenga más información y pueda procesarla.

No obstante, para preparar de forma adecuada a su hijo, necesitará otras respuestas distintas, puesto que su hijo tiene preguntas diferentes. Necesitará saber sobre todo en qué situaciones podrá estar junto a él, si podrá tener junto a él su juguete preferido, quién y cómo le bajará a quirófano, cuándo se despertará de la anestesia y quien estará a su lado cuando esto ocurra, cómo será la habitación a la que le llevarán, si podrán visitarlo sus hermanos y amigos, qué podrá comer, etc. El mundo de los niños es más concreto que el de los adultos y, por tanto, formula preguntas concretas. Sólo cuando esté seguro de tener todas estas respuestas, estará bien preparado para hablar con su hijo.

B). Explíquele a su hijo el problema de salud que requiere la hospitalización

El niño no quiere ir al hospital. Es un lugar desconocido y lo que allí van a hacerle resulta amenazante. Además, si tiene más de 3 ó 4 años, habrá oído a los adultos o a otros niños hablar del hospital y no habrá llegado a la conclusión de que es un lugar divertido. Por tanto, es crucial que su hijo pueda entender que tiene un problema de salud que va a ser remediado en el hospital. En otras palabras, debe de entender que ni la cirugía, ni los médicos (o personal sanitario) ni el hospital son el problema, sino que forman parte de la solución.

Describa pues el problema de salud con palabras sencillas, que no sean técnicas. Es importante no usar palabras que puedan resultar alarmantes tales como: te van a hacer un corte o te van a coser. Ponga atención también en decir te van a dormir: algunos niños puede que hayan oído esa expresión en el contexto de la eutanasia de su mascota. Es mucho más efectivo describir bien el problema, asegurarle a su hijo que se lo van a solucionar tal como se lo solucionan a otros muchos niños. Sólo si su hijo quiere saber más detalles o tiene más preguntas, ofrézcale las respuestas que sean comprensibles a su edad. No vaya mucho más allá de lo que el niño ha preguntado, sino que invítelo a hacer más preguntas.

No le mienta ni le prometa cosas que no va a poder cumplir. Si ante una pregunta no sabe la respuesta, dígale simplemente que no lo sabe.

C). Descríbale qué va a suceder y en qué orden ocurrirá

Para su hijo es de vital importancia estar siempre orientado en lo que ocurre a cada momento. Si se trata de un niño menor de 6 años, bastará con explicar qué está pasando en el presente y cuál será el siguiente paso. Si es un niño de edad superior, querrá saber a grandes rasgos cuáles son las fases por las que va a pasar y luego Usted le ayudará a situarse en cada paso para saber qué le van a hacer ahora mismo y que le espera después.

Unos ejemplos:

  • A un niño de 3 años, le podemos explicar que ahora salimos de casa hacia el hospital y que cuando lleguemos allí nos enseñaran la habitación dónde vamos a vivir los próximos días (es importante el plural: vamos a vivir nosotros junto a él). Una vez en la habitación, le podemos recordar que hemos venido al hospital a solucionar al problema, que ésta es nuestra habitación para los próximos días y que ahora vendrán a conocerle las enfermeras de la planta que, previamente, le hemos enseñado camino a la habitación. Y así sucesivamente.
  • A un niño de más de 6 años , le habremos explicado que venimos a estar 4 días en el hospital para solventar su problema, que primero nos enseñarán la habitación en la que vamos a estar esos 4 días, luego le vendrán a conocer y preparar las enfermeras, después tendrá lugar la intervención y finalmente volverá a la habitación dónde estaremos juntos hasta que el médico nos deje volver a casa. Y en cada nueva fase le situaremos dentro de esa secuencia temporal: ¿te acuerdas que hemos venido al hospital para que te ayuden con el problema de tal? ¿Y que nos dieron la habitación en la que vamos a vivir estos días? ¿Te acuerdas de que viene ahora? ¡Sí! Ahora vendrán las enfermeras…


D).
Ayúdele a gestionar sus miedos y su ansiedad

Los niños tienen básicamente dos temores en relación a su estancia en el hospital: a sufrir dolor y estar solos durante su hospitalización (ver apartado específico al final de la guía). Anticípese a estos miedos.

En primer lugar ayude a su hijo a entender que esos miedos son perfectamente normales y que también los adultos tenemos miedo en esas situaciones, principalmente porque nos son desconocidas.

A continuación, dele a su hijo explicaciones honestas y verace: Usted no puede asegurarle que no tendrá dolor, pero sí puede decirle que, si le duele algo, los médicos y las enfermeras le ayudarán para que no sienta ese dolor. Tampoco puede afirmar que siempre estará junto a él: por ejemplo, cuando vaya a ser intervenido no podrá pasar al quirófano con él. Pero sí puede comprometerse (siempre informándose antes) a estar junto a él cuando despierte, o cuando llegue a la habitación.

Por su estructura de pensamiento concreto, los niños de edades comprendidas entre los 3 y los 8 años pueden fácilmente interpretar que están enfermos, que van a ser hospitalizados o que van a someterse a una cirugía porque han hecho algo mal. Es decir, pueden interpretar lo que les está sucediendo como una forma de castigo. Por este motivo, es importante presentar la hospitalización como una solución a un problema, no como el problema en sí. Entender que los profesionales del hospital y los padres y madres le están ayudando es la principal estrategia de afrontamiento del estrés.


E). Prepare la vuelta a casa

Igual que Usted ha preparado el ingreso hospitalario, deberá preparar el alta. Obviamente, tanto su hijo como Usted estarán deseando volver y no albergarán temores en relación a este hecho. Pero es importante avisar al niño de que los primeros días quizá no pueda hacer una vida normal. Si su hijo debe guardar un poco de reposo tras la hospitalización, seguir un régimen, tomar una medicación o someterse a unas curas, es imprescindible que Usted se lo explique antes de marchar a casa. De lo contrario, su hijo tendrá unas perspectivas de absoluta normalidad. Y, en el momento en que compruebe que esto no es así, fácilmente puede interpretar que no le han curado, que ha enfermado de nuevo o que nunca estará bien del todo.

 

¿Con cuánta antelación hay que preparar al niño?

Como la mayoría de aspectos contemplados en esta guía, la respuesta dependerá básicamente de la edad del niño.

De forma orientativa, se pueden tener en cuenta el siguiente escalado de plazos:

  • Bebés (de 0 a 1 año) – aunque su hijo no va a poder entender aún las explicaciones verbales, no deje de hablarle y de explicarle todo cuanto sucede. Las verbalizaciones le tranquilizarán a Usted y su voz relajará a su bebé. Pero a esta edad no es necesario que lo haga con días de antelación. Es suficiente si le empieza a explicar en el momento de salir de casa.

  • De 1 a 3 años – a estas edades los niños ya entienden bastante nuestro lenguaje, pero no tienen aún un marco temporal. Por tanto, comience a hablarle a su hijo 1 o 2 días antes de la cirugía y/o hospitalización. Anímele a elegir un objeto de casa que podrá llevarse al hospital y acompañe cada paso de una breve y sencilla explicación.

  • De 3 a 5 años – avise a su hijo entre 3 y 4 días antes del ingreso. Explíquele con palabras sencillas y frases cortas por qué tiene que ir al hospital y qué es lo que va a ver allí. Asegúrele que usted va a estar con él la mayor parte del tiempo, pero sea honesto y no haga promesas que luego no pueda cumplir. A esta edad, resulta de gran ayuda ayudarse de material de juguete que simule el material médico y “explorar” a su muñeco favorito, tomarle la temperatura, ingresarle en el hospital, etc. El juego de rol es una excelente forma de preparar a los niños de esta edad. De la misma forma, será muy útil tras el regreso a casa para que el niño pueda expresar cómo ha vivido su experiencia.

  • De 6 a 12 años – los niños de esta edad ya tienen referencias temporales. Por tanto, el tiempo óptimo para iniciar la preparación será una o dos semanas antes de la fecha programada. A esta edad no sólo les preocupa lo que va a suceder en el hospital, sino también si en la escuela van a saber lo que les ocurre, si van a poder tener visitas y cuánto tiempo van a estar ingresados. Trate de ser realista en sus respuestas y use material gráfico para apoyar sus explicaciones: un calendario, alguna imagen de un libro sobre el cuerpo humano, etc.

  • Adolescentes – los adolescentes necesitan ser tratados ya como jóvenes adultos. Por tanto, no habrá una preparación formal, sino que el adolescente participará activamente en todo el proceso previo a la decisión de hospitalización o cirugía. Hágale partícipe de todas las explicaciones, decisiones y demás elementos previos a la hospitalización. Anímeles a confeccionar una lista de preguntas que formular a su médico. Los adolescentes tienen una gran necesidad de independencia y temen perderla durante el ingreso. Trate pues de evitar que se tratado como un niño: anímele a ser activo y tomar sus propias decisiones hasta dónde pueda hacerlo.

 

Conozca e identifique las principales fuentes de estrés para los niños antes, durante y después de una hospitalización

Tal cómo acabamos de ver, los temores y las fuentes de estrés de los niños en relación a una cirugía y a los ingresos hospitalarios van modificándose con su edad y su capacidad de comprensión de la situación. También dependen de la enfermedad concreta que provoca el ingreso y de la personalidad del niño. A pesar de esa variedad, podemos agrupar los distintos estresores en las siguientes categorías:

  • En niños de entre 1 y 3 años de edad – los principales temores se agrupan en torno a la separación de los padres. Pueden incluso albergar fantasías de ser abandonados en el hospital.

    Intente pasar el máximo tiempo posible junto a su hijo. Actúe de forma habitual, sin sobreprotegerle ni infantilizarle. Dígale muy a menudo que está con él. Háblele y explíquele lo que están haciendo, aun sabiendo que no entenderá todas las explicaciones. Refuerce el contacto corporal. Traiga de casa algún objeto familiar de referencia para el niño. Posiblemente ese objeto podrá acompañarle también en situaciones en las que Usted no pueda estar, siempre que sea autorizado por el personal médico.
  • En niños de 3 a 6 años – al miedo a la separación de sus cuidadores se le suma el miedo al dolor durante la cirugía y después de ella. Aparecen los temores y la ansiedad ante las agujas y los aparatos desconocidos (radiografías, ecografías, etc.).

    Normalice los miedos de su hijo, pero trate de desactivarlos: explíquele que durante la cirugía estará como dormido, porque un médico especialmente entrenado (el anestesiólogo) se dedicará sólo a esto. Hará que no oiga nada, que no vea nada, que no tenga dolor y luego, cuando el otro médico, el que le ayuda a solventar el problema (cirujano) acabe, este médico hará que se despierte despacio y que no le duela nada. En muchos servicios de anestesiología, a los niños de entre 3 y 8 ó 10 años se les ofrece la posibilidad de soplar e hinchar un globo (inducción inhalatoria) para evitar al menos uno de los temidos pinchazos antes de la cirugía.

    En cuanto al miedo a las agujas, no lo dramatice, pero tampoco es bueno ignorarlo o decirle al niño que es una nimiedad. Posiblemente, ya le hayan pinchado alguna vez, con lo que su hijo puede evocar cómo es eso del pinchazo y cómo no es. Ofrézcale la comparación con un pinchazo de un insecto, pero sin picor, como analogía para que él pueda imaginarlo.

    Dirija la mayoría de sus respuestas a la idea central de que tanto la cirugía como la hospitalización le van a ayudar con su problema: insista en la descripción del problema que debe de ser resuelto.
  • En niños de entre 6 y 12 años de edad – el miedo a la separación disminuye bastante o, al menos, es más fácil de calmar. Y, sin embargo, aumenta el miedo al dolor, a la anestesia (a no despertar tras ella) y a sufrir secuelas físicas visibles tras la intervención. También pueden mostrar temor ante el hecho de que les vean desnudos o tengan que manipular sus genitales.

    Trate de darle a su hijo explicaciones claras y racionales. Explíquele que durante la cirugía un médico especialista, el anestesiólogo, le va a dar unos medicamentos para que no sienta dolor y no esté despierto. Y luego, cuando todo acabe, le despertará y todo habrá pasado. A esta edad es muy importante subrayar el hecho de que se va a despertar después de la intervención y que es imposible que se despierte durante el procedimiento. En cuanto a las agujas, no ridiculice el miedo del niño, pero compárelo a un pinchazo por un mosquito, pero sin picores.

    Comente con él en términos realistas dónde le va a quedar una cicatriz y que tamaño va a tener. Si es posible, hágalo en presencia del médico. En cuanto a la desnudez, aclárele a su hijo que, junto a los padres y madres, los médicos y todo el personal sanitario son los únicos que pueden examinarle tocarle cuando está desnudo.
  • En adolescentes – la capacidad de comprensión de su enfermedad y del tratamiento al que van a someterse aumenta y con ella se potencian los temores. Sus principales fuentes de estrés tienen que ver con el miedo al dolor y al cambio en el aspecto físico. También pueden temer despertarse en medio de la cirugía o no despertarse tras ella. A esta edad aparecen algunos miedos que los adolescentes comparten con los adultos como son a pasar vergüenza o ser humillados, a no ser buenos pacientes, a parecer infantiles o ser considerados unos cobardes y temores similares relacionados con su imagen social.

    Intente tomarse muy en serio estos miedos de su hijo adolescente. Evite hacerle sentir que sus miedos son injustificados o exagerados. Ayúdele a que él mismo pueda buscar formas de tranquilizarse y facilite que pueda preguntar al personal sanitario todo cuanto necesite. Dado el retraimiento de muchos adolescentes frente a los adultos, busque un equilibrio entre implicar a su hijo en esas preguntas y en conseguir Usted mismo/a las respuestas que necesita.

    Los adolescentes temen especialmente el proceso de la anestesia por desconocido y por la pérdida de control sobre uno mismo que supone. Si es posible que el anestesiólogo hable con su hijo antes de la intervención, esto le tranquilizará. De lo contrario, infórmele Usted mismo. Explíquele que la anestesia es un proceso en tres fases: la inducción (cuando el paciente se queda dormido), el mantenimiento (mientras dura la intervención) y la reanimación (cuando el paciente se despierta). Haga hincapié en que el especialista tiene los medios para controlar cada una de esas fases.

A modo de conclusión, quédese con una sola idea respecto de los temores de su hijo: la información es el mejor tranquilizante del mundo, tanto para su hijo como para Usted. Anticipe sus miedos e intente responder a todas sus preguntas. Si no conoce una respuesta, no dude en decírselo así mismo a su hijo y en buscar en los profesionales del hospital la respuesta que necesita.
 
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