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Cómo actuar con los niños sanos ante la enfermedad de un hermano
 

Un ingreso hospitalario es un hecho que generalmente produce ansiedad y malestar en el paciente. En el caso de los niños este malestar se transfiere de forma directa a su familia. Los padres del niño enfermo sufren tanto o más que él, aunque de una forma distinta.

 

¿Por qué es importante que se gestione bien el ingreso?

Los niños sanos pueden reaccionar mal ante la desinformación que muchas veces acompaña el ingreso de un hermano/a. Incluso a veces todos los esfuerzos que realizamos para protegerles se malinterpretan y no conseguimos nuestro objetivo.

Una mala gestión de esta situación puede conllevar a conflictos entre los hermanos, lo que suele conducir a una serie de problemas conductuales, emocionales y sociales. Estas conductas aumentan notablemente el estrés de los padres, generando un círculo vicioso.

La sobreprotección del niño enfermo y la hospitalización de éste pueden tener un impacto significativo sobre el resto de hermanos no enfermos, los cuales experimentan estrés al tener que enfrentarse a cambios en el ambiente familiar o recibir una menor atención por parte de los padres. En algunos hermanos se observa una disminución del rendimiento académico, con el consiguiente retraso escolar, acompañado eventualmente de síntomas de tipo psicosomático, todo ello por poder competir con el tiempo y energía que los padres dedican al niño enfermo. En ocasiones, los hermanos sanos llegan incluso a sentirse culpables o con cierta responsabilidad sobre la condición en la que se encuentra el hermano ingresado.

Algunos niños sanos pueden tener también sentimientos de rencor o rabia hacia el hermano enfermo, ya que no entienden la situación. Como consecuencia directa se sentirán responsables si la salud del hermano empeora o si éste falleciera, pues en su fantasía infantil no entienden que no tienen el control sobre las cosas que están fuera de su mente.

 

¿Cómo gestionar el ingreso de un hermano?

Existen unas pautas básicas de gestión que sirven para reducir el estrés del hermano no ingresado y para minimizar las posibles consecuencias conductuales que puedan surgir.

Para ello:

  • El hermano, al igual que el niño que va a ser hospitalizado, deberá ser educado sobre la enfermedad y sus consecuencias, buscando su cooperación y promoviendo su implicación; es importante hacerle sentir que sigue siendo importante y querido.
  • Se le aplicarán primeros auxilios psicológicos (link) en momentos claves de tal manera que se intente minimizar el impacto de los estresores y promover la independencia y la autoestima.
  • Se deberá favorecer la comunicación. Es importante que el niño tenga libertad absoluta para preguntar lo que quiera y sienta suficiente confianza para explicarnos lo que siente. No debemos juzgar ni criticar nada de lo que nos diga, pues entonces se retraerá, y pese a que lo siga pensando, no nos lo dirá.
  • Se dará espacio para solucionar las dudas que pueda tener como: ¿ya no me queréis? ¿y si mi hermano no se cura qué pasará? O comentarios relacionados con lo que siente: quiero que se ponga bueno ya; estoy cansado; no quiero seguir en casa de los abuelos; quiero que se muera. Todos ellos son comentarios comprensibles desde la mentalidad infantil, pues los no son conscientes de las repercusiones ni de la realidad. Hay que explicarles bien qué está pasando y reconducir los sentimientos que ellos identifican como rabia hacia sentimientos como la frustración, la impotencia, la envidia, que aunque más difíciles de nombrar y de identificar, se ajustan más a la realidad y son más fáciles de afrontar una vez detectados.

Cuando una familia ingresa uno de los hijos, lógicamente la atención de la misma, en especial de los padres, se dirige hacia el niño enfermo. Es una situación de emergencia que requiere mayor dedicación.

Se organizan para estar con él durante el ingreso, para lo cual piden ayuda a su entorno cercano (la tía va a recoger al autobús escolar al resto de los hermanos, éstos se quedan a comer en casa de la abuela, etc.). Esta reorganización es lógica y plausible. Mientras dure el ingreso, todos deben hacer un esfuerzo extra. Pero, el hecho de que sea comprensible, no presupone que los hermanos no echen de menos a sus padres.

Por lo tanto, es importante dedicarle un tiempo diario al hijo no ingresado y que las rutinas que le conciernen no se vean excesivamente alteradas. También es importante incluirle en las nuevas rutinas que se generan dentro de la unidad familiar:

  • Preguntarle si quiere ir a visitar al hermano o no.
  • No nombrarle constantemente al hermano enfermo, sino darle espacio para que él sea quien pregunte.
  • No obligarle a hacer cosas para el hermano, pero darle la opción a hacerlas (un dibujo, un regalo, una maleta con recuerdos y objetos importantes…).

 

¿Cómo transmitir la información?

Ante la falta de explicaciones, el hermano sano tiende a interpretar lo que está ocurriendo desde su propia concepción del mundo y, con frecuencia, concluye que está ocurriendo algo muy grave, ya que ve muy alterados y distintos a los padres.

Los dos grandes focos de preocupación giran entornos a:

  • Preocupación por su hermano o hermana enferma. Hay que proteger a los niños de las informaciones sesgadas y las expectativas negativas. Esta información limitada puede conducir a conceptos falsos sobre la naturaleza de la enfermedad y de los tratamientos. Pueden estar especialmente predispuestos a preocuparse los días de tratamiento del hermano o hermana, tanto si comprenden, como si no, lo que le está pasando. Así mismo, si está en el hospital, les preocupa su posible muerte y las consecuencias de la enfermedad: ¿cómo enfermó mi hermano?, ¿me sucederá a mí o a mis padres?, ¿es contagioso?, ¿se va a morir ?, etc.

  • Preocupación por los padres. Les ven tristes, nerviosos, cansados… Puede que, incluso, hayan escuchado alguna conversación telefónica con otro familiar o que les hayan visto llorar.

En ambos casos la mejor prevención es ofrecerles una información adaptada a su nivel de comprensión y solucionar todos los interrogantes que les puedan surgir, así como hacerles sentir que sus padres siguen estando ahí y que no han dejado de prestarle atención.

Para poder adaptar la información al nivel de comprensión del niño debemos tener en cuenta que éste presenta una lógica propia, que se basa en el conocimiento que tiene del mundo, de acuerdo a sus experiencias y a las características de su pensamiento. Las características básicas son:

  • Miden el tiempo de manera diferente. No conoce el tiempo convencional, no sabe cuánto es un mes, seis meses o cinco años. El tiempo lo aprendemos a medir con las experiencias vividas. Por tanto, cuando al adulto le decimos es un mes de tratamiento , lo entiende y se tranquiliza; en el caso del niño, le puede aumentar la ansiedad, pues no sabe cuánto tiempo es y además no lo puede relativizar como el adulto.

  • Significado literal. Durante buena parte de la infancia el niño presenta un pensamiento de tipo concreto. Esto significa que el niño comprende el significado literal de las palabras y no el significado figurado de las mismas: comprende lo que conoce, observa y toca.

  • Fantasía. Es característico el pensamiento mágico y egocéntrico: el niño interpreta la mayoría de los acontecimientos que le suceden o suceden a su alrededor creyendo que son consecuencia de sus conductas y de sus sentimientos o deseos.

 

Reacciones esperables ante el ingreso de un hermano

La imaginación de los niños puede llegar a angustiarles sobremanera. La edad del niño influirá en el grado de elaboración de las preocupaciones: desde ¿puedo llevarle un juguete? hasta ¿puede morir?. Por regla general, las reacciones de los niños respecto a la enfermedad y el ingreso de su hermano/a se pueden concretar en:

  • Sentimiento de tristeza. Es normal experimentar una reacción dolorosa después de la comunicación de enfermedad del hermano. A menudo los niños reflejan el nivel de ansiedad mostrado por otros miembros de la familia, especialmente su padre y su madre.

  • Sentimiento de culpa. Algunas veces los hermanos sanos piensan que deberían haber sido ellos/as los que tenían que haber enfermado o bien que han sido la causa de la enfermedad. Además, pueden tener sentimientos de culpabilidad: si no se habían llevado bien con su hermano o hermana o anteriormente lo trataron mal. El niño que llega a esas conclusiones puede desarrollar un intenso sentimiento de culpa así como la necesidad de ser castigado. Este tipo de emociones se suelen expresar mediante el retraimiento, la depresión o la provocación (búsqueda) del castigo.

  • Sentimientos de celos y aislamiento. El hermano enfermo recibe mucha atención (y a menudo regalos) de la familia, amistades y personal del hospital. Los familiares, con frecuencia, desatienden a los otros hijos/as mientras le cuidan. Todo ello origina sentimientos de celos y aislamiento.

  • Sentimiento de enfado. A medida que el tratamiento progresa y el niño/a mejora, los hermanos/as pueden sentirse molestos y mostrar agresividad por la continua atención dada. A menudo padres y madres se quejan de problemas de conducta con los otros miembros de la familia.

  • Rabietas o conductas disruptivas. El hermano sano puede reclamar la atención de los padres mediante rabietas, pequeños hurtos, contestaciones fuera de tono, descenso en el rendimiento escolar, etc. Lo que pretende con estos comportamientos es hacerse presente para sus padres, expresar que sigue necesitando de sus cuidados. Si se refuerzan negativamente esos comportamientos, si el niño siente que así es capaz de conseguir de sus padres su cupo de atención (aunque sea para reñirle o castigarle), tenderá a mantenerlos.

  • Molestias psicosomáticas. Ver a su hermano hospitalizado puede hacer que algunos niños sanos pierdan el sentimiento de inmunidad y de que nada malo le puede pasar. Simultáneamente, la enfermedad puede transformar los canales de comunicación familiar, estableciendo la enfermedad física como la vía a través de la que se consiguen los cuidados y una manera efectiva de recibir el cariño por parte de los padres. No es extraño, pues, que el niño sano empiece a manifestar síntomas tales como dolores de cabeza, de estómago, mareos u otras dolencias difusas. Este proceso, al no ser consciente, es muy resistente al cambio y puede precisar, por ello, ayuda de un profesional.

  • Niño/a modelo. Se pueden encontrar reacciones opuestas y que el niño intente hacerse cargo de más responsabilidades de las que le corresponden por edad y rol familiar para intentar aliviar la carga parental (de repente se afana por recoger su habitación, ayuda a poner la mesa, baja la basura, etc.). Todo ello cargado de una fuerte agresividad hacia el hermano que es quien ha provocado el sufrimiento de sus padres. La enfermedad se convierte en la pieza angular de la familia. Todo (tanto lo bueno como lo malo) gira en torno a ella.

  • Niño/a enfermero. En ocasiones, el hermano sano asume el rol de cuidador más de lo que sería conveniente. Puede convertirse así en una extensión del médico o de los padres soportando una carga para la que no está preparado. A veces los padres u otros familiares (sin ser conscientes de ello) fomentan ese rol sugiriéndole, por ejemplo, que vigile que se coma todo el almuerzo en el recreo, que le dé un recado al tutor de su hermano, etc. Hay que evitar ese tipo de situaciones de tal manera que el niño no se sienta responsable ni de la enfermedad ni de la evolución de su hermano/a.

 

Últimas consideraciones

Es importante que la comunicación del ingreso del hermano se haga al mismo tiempo que el hermano se entera de que va a ser hospitalizado, pero de forma adaptada a su edad y comprensión.

Por lo general, las reacciones comentadas son la forma de adaptación normal de los niños ante cambios estresantes en su vida. Éstas pueden ser minimizadas y de una duración concreta en el tiempo. Si las reacciones fuesen mantenidas o empeorasen se debería recurrir a la ayuda de un profesional. Es importante contar para ello con la compresión y ayuda de los maestros del niño/a sano, pues posiblemente serán ellos quienes den la voz de alerta.
 
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  Alicia Alvarez
  Coord. de las Áreas de Intervención e Investigación del Centro de Crisis
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